La poesía de la joven quiteña Carla Badillo asombra en España

Para Carla Badillo, quiteña de 30 años, la poesía ha sido su trinchera frente a la vida, frente a la muerte, frente a sí misma. Cada verso suyo consigue tocar el corazón de quien lo lee y provocar que el tiempo se detenga. Es lo que considera la poeta y filósofa española Chantal Maillard que el jueves presentó en Madrid la obra de la ecuatoriana “El color de la granada” con motivo de la entrega del Premio Loewe a la Creación Joven que obtuvo en noviembre pasado.

En aquella ocasión el escritor Antonio Colinas, miembro del jurado, destacó “la madurez” de Badillo y “el tono reivindicativo del verso, la simbología -compleja de abordar desde su juventud de poeta-, la pugna del binomio muerte-vida y un escepticismo sutil que sacude al lector de forma contundente y directa”. Ahora en el prólogo del libro que acaba de publicarse en la Colección Visor de Poesía, define a la quiteña como una “autora con oído, que no desprecia la función de la música del verso, eludiendo el simplismo, la oquedad de cierta poesía al uso”. “El color de la granada”, añade Colinas, “entrelaza, para enriquecerlo, un irracionalismo sutil, pero fulgurante en sus imágenes, contundente, directo”.

Con apenas 25 años, Badillo se inspiró en la película dirigida por Sergei Paradjanov que dio nombre a su obra y que retrata la vida del poeta y músico armenio Sayat Nova. “Fue una especie de Homero que iba de pueblo en pueblo, componiendo canciones pero fue asesinado al negarse a renunciar a sus creencias”, cuenta la ecuatoriana. Paradjanov utiliza la granada como símbolo de supervivencia frente a la opresión y la persecución del pueblo armenio.

La joven sostiene que “la poesía está habitada de aproximaciones, revelaciones, intuiciones. Tiene la virtud de no necesitar de los poetas para existir. Más que leerla se la respira”. Su sobriedad expresiva le ha servido para obtener el Premio Loewe a la Creación Joven con una dotación económica de 7.000 euros junto al cubano Víctor Rodríguez sobre el que recayó el Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe (20.000 euros).

A través de su Fundación Loewe, marca española de lujo, convoca estos galardones desde 1987 para impulsar la calidad en la creación poética en la lengua castellana. En su última edición, de las 801 obras participantes de 29 países, 30 resultaron finalistas. El Jurado, presidido por Víctor García de la Concha, estaba compuesto por Francisco Brines, José Manuel Caballero Bonald, Antonio Colinas, Óscar Hahn, Cristina Peri Rossi, Soledad Puértolas, Jaime Siles y Luis Antonio de Villena.

Carla Badillo tras recibir el Premio el jueves pasado, participó en un conversatorio en la Universidad Complutense para hablar sobre el proceso creativo de “El color de la granada” y hoy leyó sus poemas en Casa América. A partir de este momento, inicia una travesía que le llevará durante cerca de un año por distintas ciudades y países de Europa y Marruecos, para escribir, presentar sus libros (Belongings / Pertenencias, Partituras Incompletas, Abierta sigue la noche…) y participar en lecturas y festivales. Su propósito es llegar al Cáucaso, hasta Georgia y Armenia, tierra donde nacieron Sayat Nova y Sergei Paradjanov. (I)

Patricia Villarruela

Madrid

 

 

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