Fraktura a participado en 3 ocasiones en la Semana del Rock

Fraktura: con la K de Rock

Rockeros irreverentes, indiferentes sobre lo que dicen de ellos y lo que se hablan internamente, con gustos tan diversos desde el jazz hasta el pasillo. Su huella aún queda en los oídos de quienes alguna vez les vimos en la Concha Acústica o en la Semana del Rock.

Desde el 2007, cuatro músicos quiteños, Carlos Larrea (voz), Vladimir Albornoz (guitarra), Andrés Suárez (bajo) y Edison Saavedra (batería) forman la banda de rock Fraktura. Ahora, su realidad es distinta. Ya no ensayan donde “El Alfredo Carvajal”, reconocido músico de la escena rockera nacional, sino vía Skype, ya que Albornoz vive en Manta, Suárez en Australia y el resto de integrantes continúan en Quito.

 

A continuación un recuento de cómo era uno de sus ensayos que se convertían en fiestas improvisadas.

Norte de Quito. Carlos Larrea, de cabello corto y vestimenta negra, en donde prevalece la tipografía de la banda mexicana Brujería (deathgrind), camina en la noche con dirección al lugar de ensayos de Fraktura. En su mano derecha trae un cigarrillo a la mitad. Para él, subirse a un escenario es un momento para sorprender. Nadie piensa que podría tener una voz gutural tan fuerte.

En un edificio color blanco de tres pisos con una puerta negra, por donde podría ingresar un auto, funciona “Mi estudio” de Alfredo Carvajal, lugar donde repasa y graba sus discos la banda Fraktura. Larrea timbra. Al instante abren la puerta sin consultar quién es. Queda claro que lo esperan.

El estudio está en el tercer piso. No es más que un departamento. Se distingue el espacio para la sala, el comedor y el cuarto de lavado. No hay muebles, solo estuches de guitarras por el piso, algunos instrumentos apilados, paredes adornadas con fotos de grupos de rock, del cual destacan Black Sabbath y Megadeth, un pizarrón con dibujos de personas y frases como: “Quién esté libre de pecado…, no sabe lo que se pierde, jajaja.”

En las paredes hay afiches de conciertos de rock realizados en el Ecuador desde 1980. La mayoría son de eventos en los que ha participado la banda Narcosis, donde toca Alfredo Carvajal. Los dos espacios destinados para los dormitorios, según la estructura del departamento, son ocupados para la sala de ensayo o grabación de las bandas y la sala de trabajo de Carvajal. En esta última están fumando y bebiendo aguardiente dos miembros de la banda: Suárez y Saavedra.

La tradición de la banda era ingerir aguardiente con bebidas energizantes antes de cada tocada. El tiempo y las resacas les demostraron que no era la mejor idea. Pero lo siguen haciendo, para templar los nervios. Carvajal y Saavedra miran el último concierto de la leyenda del metal, Ronnie James Dio. Saavedra dice: “Pensar que seis meses después se moriría Dio”. Están tres miembros de Fraktura, falta Albornoz.

Albornoz es redactor en el Diario Súper, extensión del diario El Universo, que funciona en un edificio del sector El Girón. El edificio tiene un sistema de seguridad compuesto por tres sensores ubicados en su entrada, en el ascensor y al ingresar a la sala de redacción. Para lograr ingresar es necesario pasar una tarjeta magnética, sin mencionar a dos guardias a quienes se les debe indicar a dónde va uno. “Este sistema de seguridad funciona para que no entren los del Gobierno”, dice Albornoz.

El área de redacción del periódico es amplia, las paredes fueron sustituidas por grandes ventanas que permiten ver la ciudad. Albornoz se sienta a redactar la última nota, escribe sobre la reconstrucción de la vía exclusiva del Trole.

Su escritorio está casi vacío. Sobre la mesa está un computador antiguo en el que redacta, un par de ejemplares anteriores del diario Súper, dónde hay reportajes escritos por él, a su derecha un computador portátil, que reproduce el disco Reptile de Eric Clapton. Mientras redacta escucha su tema favorito: Starting Over de John Lennon. Su versión preferida está en el disco acústico del ex Beatle. Escucha en bajo volumen, “por respeto a los demás”.

Al finalizar su última noticia, Albornoz sale a prisa, prácticamente sin despedirse de nadie; llega al estudio, pide disculpas por el retraso. Viene cargando su guitarra roja, zapatos tenis negros con suela amarilla, jean azul con brotes de color ladrillo, camisa negra y un buzo negro de cierre. En su cabeza lleva el mismo estilo despeinado con el que asiste a su trabajo.

A las 21h00, Fraktura empieza su trabajo: Saavedra afina la batería, Carvajal le asesora desde la consola. El Chavo, apodo de Suárez, conecta su bajo y lo examina. Cada uno prepara su instrumento, todos hablan por su lado, solos, pero conectados.

Larrea reclama a Saavedra que debe pagar USD 0.25 centavos. La banda tiene dos códigos internos: el uno, penalizar con 0,25 centavos de dólar a cualquiera que emita un comentario fuera de lugar, según lo propuso Larrea; y, segundo, el juego del aro, que consiste en realizar un círculo mediante la unión de los dedos índice y pulgar de la mano derecha, quién lo hace busca de cualquier forma que alguien más lo vea, el truco consiste en atrapar a alguien desprevenido, cuando otra persona caiga en la trampa se hace acreedor a un golpe en el brazo.

El Chavo, robusto, con camiseta negra, jean roto en las rodillas y con sus ojos en llamas de tanto licor, enseña a jugar a cualquier invitado. “Son cosas súper espontáneas con el afán de joder la vida”, expone con naturalidad.

A las 21h20 empieza el repaso. El bajo es tocado con fuerza por los dedos de Suárez, las venas de su brazo han empezado a saltar, su cara pierde el color piel y se transforma en un color rojo demoníaco.

La guitarra evidencia el virtuosismo de Albornoz, toca su instrumento muy relajado, como si fuese fácil la ejecución, constantemente mira a los otros miembros de la banda, es como el director de orquesta, se acerca a cada músico y le dice que hacer: si continuar o parar.

La batería tocada por Saavedra, que usa camiseta negra de la banda alemana de Trash Metal Kreator y pantaloneta hecha con lo que alguna vez fue un blue jean, asemeja el detonar simultáneo de metralletas. Sus brazos golpean los tambores y los platos, sus pies pisotean pedales a gran velocidad. A ratos es imposible distinguir cuántos golpes le da a cada elemento de la batería.

Larrea se quita su chaqueta y queda solo en camiseta para empezar a cantar, proceso en el cual imprime una voz gutural que revienta los tímpanos a cualquiera. No puede cantar más fuerte pues tiene gripe, la garganta le está matando. A pesar de todo, Fraktura es fuerza.

En el 2009 presentaron su primer disco titulado “Poder Brutal” en el Teatro Variedades Ernesto Albán. El disco contiene 8 temas, dos de ellos instrumentales compuestos por Albornoz.

El ensayo termina a las 22h30. Todos salen agotados, con sus rostros pálidos y brotes de sudor en sus patillas, sobre todo Saavedra, quien estira su puño derecho con la intención de que alguien lo choque; es la expresión de agradecimiento ante el reconocimiento del esfuerzo que acaba de realizar. Siempre conservó ese buen ritmo.

Suárez sugiere comprar la “ultimita” (botella de licor de bajo costo). Y antes de que alguien responda ya están encaminados hacia un cajero que se encuentra a la vuelta del estudio. Para El Chavo, Fraktura ha vivido sexo, drogas y rock n roll quiteño.

Larrea ha vuelto a su buzo de Brujería y a su chompa. Para él, lo mejor del rock sucede cuando la gente hace el pogo, un baile que consiste en saltar y chocar en grupo unos contra otros al ritmo de la música. Suárez dice que esa sensación es como el sexo.

Cada miembro de la banda tiene otros proyectos musicales
Cada miembro de la banda tiene otros proyectos musicales

Para su vocalista, el primer concierto de Fraktura fue el mejor. En la Universidad Politécnica Salesiana compartieron el escenario con un músico de hip hop quién les insultó, sin embargo salieron con todo. La respuesta del público fue alocada, fuerte y provocó un pogo. Saavedra recuerda que les quitaron el sonido cuando les faltaban dos temas. A la final lo disfrutaron.

En el cajero, el Chavo digita su clave, achica sus ojos para poder ver en medio del humo de cigarrillo que sale desde su boca y se va hacia el infinito. Con el dinero en mano, se dirige hacia la licorería que está a escasos metros. Saavedra cree que para ser Viernes Santo, hay bastante hereje.

En la licorería piden Caña Manabita (licor típico de la costa ecuatoriana) y más cigarrillos. Recuerdan la venta de su primer disco, algunas de las ganancias se convirtieron en licor, no se sabe a cuántos discos les pasó esto, hay la sospecha que fueron 5 en el caso de Saavedra, del resto ni hablar. El Chavo no los vendió ni para comprar licor; los regaló a sus amigos con la intención de mostrar lo que hacía.

De regreso en el estudio, Alfredo está por irse, “A ver, a tomar como los hombres”, sugiere que deben beber a prisa. El Chavo propone continuar la juerga en el sector de la Amazonas. Se pone a votación la solicitud: para los que no tienen creencias, la democracia es la única religión. Todos con dirección a la “Zona”.

Fraktura trabaja en la producción de su segunda placa discográfica, “Sangriento Final”, y su próximo videoclip con uno de los promocionales del disco. Los temas que topa la banda en sus letras son la cotidianidad.

A las 23h15, luego del ensayo, en el Bar Lennon, donde la única iluminación proviene de afuera, el alto volumen impide escuchar las conversaciones. Incluso las propias. Suenan The Beatles, Eagles, Queen y Alan Parson, siempre en este estricto orden, para dar paso al rock en español.

Los miembros de Fraktura no se complican con sus empleos diurnos. Están convencidos que sus compañeros y jefes no pueden criticarlos mientras los miembros de la banda respondan laboralmente; es una cuestión muy distinta la laboral y la afinidad musical de cada uno.

Compran un combo de cerveza, son tres de la marca más barata del bar. Carlos Larrea se siente discriminado. Durante el día escucha a Ozzy Osbourne, lo hace cada vez más después de haberlo visto en vivo hace días atrás, a sus compañeros les disgusta y le obligan a bajar el volumen. Escucha su música en volumen alto, para él, el rock debe sonar alto y duro, sino, no es rock. 

La realidad de El Chavo es distinta, él puede oír música sin problema, la relación con su jefa es tranquila. Trabaja en una empresa asesora de restaurantes, desde un inicio todos sus compañeros sabían que toca en una banda, con eso obtiene los permisos para salir a los repasos de los viernes y sábados en el estudio de Carvajal y en la sala de música de la Politécnica Salesiana.

El único desempleado es Saavedra, una que otra vez le cae un trabajo, pero es por un tiempo nada más. Su último trabajo fue en el Ministerio de Cultura, donde desempeñó un papel de planificador. Estudia en el último semestre de Comunicación Social de la Universidad Politécnica Salesiana, al igual que Albornoz y Larrea. Está enfocando su tesis sobre el discurso punk.

Fraktura tiene una anécdota en Riobamba. En medio de un pogo, una persona del público salió disparada con dirección a la tarima donde chocó y fue a dar al piso. El accidentado se incorporó, pidió un trago más y volvió al intercambio de golpes. Saavedra, Larrea y Suárez ríen. Albornoz confiesa: “Cuando tenía 15, el pogo para mí era la revolución, era el lugar donde descargaba mis frustraciones. Era una sensación fuerte y de poder, que te asusta y encanta”.

Saavedra dice que el pogo es como pecar, es decir rico. Pero hay dos posturas: para el Chavo fue la mejor reacción que pudo ver Fraktura por parte del público, Larrea está de acuerdo, Saavedra es imparcial. Albornoz no: “Yo regresé cuestionándome: ¿estoy haciendo música para crear o para destruir?”

Si Fraktura no tocaría rock, no existiría. La banda aparece producto de una anterior banda que conformaban Saavedra y Larrea, quienes se conocen 18 años. A Larrea le parece interesante la relación de reciprocidad que hay en la música: da a la gente el “embale” (Fuerza) con su música y a cambio obtiene una sensación semejante a tener cerca al Diablo o a Dios y que le digan al oído: “Te amo”.

Fraktura termina su jornada en los primeros minutos de un sábado que no ha parado de llover. Caminan con dirección a la Av. 10 de Agosto, fuman con apuro, a nadie le importa mojarse.

Hablan del último partido de la Selección Ecuatoriana de Fútbol, se detienen a encender el último cigarrillo mientras corean la canción Fear of the Dark, de la banda británica de heavy metal Iron Maiden. Al finalizar la primera estrofa, Albornoz, Larrea, Suárez y Saavedra simulan las notas de los instrumentos con sus voces. La Dama de Hierro está herida y tiene una Fraktura. Empieza el pogo en la calle entre los cuatro, todos contra todos. Es la fiesta antes de que cada uno vaya para su casa.

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